Juegos Olímpicos de Invierno: deportes, riesgos de lesión y relación con la vida diaria

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Los Juegos Olímpicos de Invierno reúnen algunas de las disciplinas más exigentes del deporte internacional. La próxima edición, Milano Cortina 2026, se celebrará del 6 al 22 de febrero de 2026, y las competencias comienzan el 4 de febrero. Su atractivo está en la combinación de velocidad, precisión técnica, fuerza y control corporal en entornos poco habituales: hielo, nieve y superficies con alta probabilidad de resbalón o caída.

Aunque muchas personas en México no practican deportes de invierno, sí existen dos situaciones comunes en consulta: pacientes que viajan a climas fríos para esquiar, patinar o practicar snowboard, y deportistas de alto rendimiento que entrenan en disciplinas vinculadas a estos deportes. En ambos casos, conocer los riesgos más frecuentes ayuda a prevenir lesiones y a identificar señales de alarma a tiempo.

Qué deportes incluyen los Juegos Olímpicos de Invierno y por qué son físicamente demandantes

Entre las disciplinas más conocidas se encuentran el esquí (alpino y de fondo), snowboard, patinaje artístico y de velocidad, hockey sobre hielo y deportes de deslizamiento como el bobsleigh o el luge. Aunque sus técnicas son distintas, suelen compartir factores que incrementan la carga física:

      • Superficies resbalosas, con mayor probabilidad de pérdida de equilibrio.
      • Velocidad, que aumenta la fuerza del impacto en caso de caída.
      • Cambios bruscos de dirección, que sobrecargan articulaciones.
      • Movimientos repetitivos, que pueden generar molestias progresivas si no hay preparación física adecuada.
      • Equipo especializado, que modifica la postura, el apoyo y la distribución del esfuerzo.

Lesiones frecuentes en deportes de invierno

Las lesiones pueden variar según la disciplina, pero hay regiones del cuerpo que suelen verse afectadas con mayor frecuencia:

Rodilla.
Es una de las articulaciones más expuestas, especialmente en esquí y snowboard, por giros, torsiones y caídas. Puede presentarse dolor agudo, inflamación o sensación de inestabilidad.

Tobillo y pie.
Esguinces y sobrecargas son frecuentes por apoyo inestable o caídas. En algunas actividades, la rigidez del calzado o el equipo puede cambiar la mecánica del movimiento y generar molestias.

Muñeca y mano.
Es común que, al caer, la persona intente amortiguar con las manos, lo que puede causar esguinces o fracturas.

Hombro.
Caídas y golpes laterales pueden provocar lesiones por impacto o luxaciones, sobre todo en deportes donde el control del equilibrio es clave.

Columna.
Puede aparecer dolor por caída, por impacto o por tensión acumulada. En algunos casos, el problema no es un golpe único, sino la suma de postura, esfuerzo y repetición.

Relación con la vida diaria

Más allá del deporte, los mecanismos de lesión que se observan en hielo o nieve se parecen a los de situaciones cotidianas: resbalones en piso mojado, caídas en escaleras, golpes por un mal paso o esfuerzos repentinos sin preparación.

Por eso, aunque el contexto de los Juegos Olímpicos de Invierno parezca lejano, la prevención y el cuidado articular aplican también fuera del deporte: movilidad, fuerza, estabilidad y atención a señales tempranas de dolor.

Prevención y preparación en personas que viajan a climas fríos

En consulta, muchas lesiones en viajeros ocurren por falta de preparación previa o por sobreestimar la condición física. Algunas medidas simples reducen el riesgo:

  • Preparación física previa, con énfasis en fuerza de piernas, estabilidad de rodilla, control de core y movilidad.
  • Calentamiento adecuado antes de la actividad, especialmente en climas fríos.
  • Progresión del esfuerzo, evitando comenzar con rutas o niveles por encima de la experiencia.
  • Uso de equipo adecuado y bien ajustado.
  • Respeto a la fatiga, ya que el cansancio disminuye reflejos y aumenta errores técnicos.

Cuándo buscar valoración médica

No todo dolor posterior a una actividad significa una lesión importante, pero hay señales que no deben ignorarse: dolor intenso que no cede, inflamación marcada, incapacidad para apoyar, sensación de inestabilidad, deformidad, hormigueo o pérdida de fuerza.

Ante cualquiera de estos síntomas, lo recomendable es suspender la actividad y buscar valoración médica. La atención oportuna evita complicaciones y facilita una recuperación adecuada. Ante dolor, inflamación o limitación de movimiento, lo recomendable es no normalizarlo ni “aguantarlo”. Una revisión a tiempo permite orientar el manejo y reducir el riesgo de complicaciones.

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